
No tengas miedo… Mira las flores del campo, las aves del cielo, todo se desborda de vida sólo con existir… No pasa nada… No te aturdas, no te irrites, no quieras comprender, no quieras correr, no quieras controlar… Deja que el aire pase a través de ti y recorra tu cuerpo, tu interior. Ten conciencia de ello y descansa, no te agotes, respira profundamente y serena tus emociones.
Aléjate de ti, mírate desde fuera, lo eres todo… Todo existe a través de ti, porque tú eres aquí y ahora. Sólo existes en el presente, mi presente; sin embargo, te quedas recordando tu pasado, todo lo que has vivido.
Acepta que eres perfectamente imperfecto, que te amo tal y como eres y que se trata de aprender, de vivir, de despertar, de soltar amarras… Romper esquemas y rehacerte en cada momento y a cada experiencia que la vida te regala, en lo bueno y en lo malo.
Haz de cada momento un espacio sagrado, donde tú y yo somos uno, donde observamos el mundo, todo lo que te rodea, cada instante en el que vives con la quietud del espíritu.
Piensa que todo es y deja de ser en la medida en que liberes tu mente, tus creencias, tus temores, tus pérdidas. Sólo queda una cosa: cree, porque todo es posible; no hay nada fijo ni definitivo.
Acoge tu vida con la alegría de un niño y la serenidad del abuelo. Deja que lo más íntimo y profundo de tu ser permanezca sagrado y virgen, y que vuele hasta ese mundo donde sólo habitamos los dos, donde realmente eres conmigo.
Abre tu mente y hazte consciente de tu ser, de que existes y eres. Toma cada uno de tus pensamientos, emociones y sentimientos, y respira profundamente.
Deja que esa parte de mí que hay en ti, mi luz, sea la que transforme la oscuridad. No permitas que cada segundo de tu vida sea vivido con angustia y amargura; acoge con la felicidad de un niño cada nuevo amanecer con todos sus colores y aprende a disfrutar de lo más sencillo de una manera simple.
No te compliques con historias que no llevan más que a la tristeza y la acritud del alma, estás perdiendo el tiempo.
Observa todo lo que hay a tu alrededor con una mirada que sea capaz de ver no sólo lo exterior, sino también lo interior. No te quedes en las formas… No te quedes en lo físico.
Busca y encontrarás el verdadero sentido, y cuando seas luz se estremecerá todo tu ser. Descubre que soy yo el que estoy dentro de ti, que la vida terrena es un regalo pasajero. Descubre que la transformación de tu persona es un crecimiento, no es otra cosa que llegar al conocimiento pleno de que estoy en cada uno de vosotros, el que vive en cada uno de vosotros; que tu esencia es mi esencia, que vivir es estar conectado a mí las 24 horas del día, en tus amaneceres y en tus anocheceres… Siempre estoy… hasta el final de los tiempos.
Desde la sencillez de las amapolas, la libertad del vuelo de las aves, la luz arrebatadora de nuestro sol, la frescura de la brisa, la fuerza del viento, la transparencia de los océanos, la belleza de la noche, la desnudez… SIEMPRE PERMANEZCO EN TI.
Natividad Medina de Jesús

