Aprendiz de todo y oficial de nada. Así se define el joven cantaor flamenco granadino. No se considera maestro de nada, simplemente se dedica a aprender porque afirma que nunca llegamos a saber de todo. Su pasión por la música es tal, que, tras cursar sus estudios de trabajador social, ha podido compaginar ambas áreas. Amante de los voluntariados, inquieto, solidario, familiar entre otros son algunos de los adjetivos que perfilan la persona que es hoy.

Centenillo tiene antecedentes musicales pero no de su género, el flamenco lleva junto a él desde sus inicios. Al cumplir los 15 años empezó a escuchar diversos artistas que han marcado su vida, desde Enrique Morente hasta los reconocidos Camarón y Chiquetete. Con el paso del tiempo acudió a escuelas de flamenco y conoció a Curro Andrés, a Francisco Manuel Díaz y a Curro Albayzín , pues fueron ellos quienes le abrieron puertas a círculos flamencos, llegando así a ganar premios en concursos. Es ahí cuando descubre realmente lo que significaba para él este mundo.

Aún sabiendo que lo suyo era la música, siempre tuvo ganas de formarse profesionalmente en algo más, terminó en Trabajo Social porque los números no son lo suyo. Aquí encontró su camino. Ese que tanto anhelaba. Se repartía el tiempo para encontrar siempre un equilibrio entre la música y su carrera, mientras se ganaba la vida trabajando.


El cantaor destacó un tema importante para él como es el posicionamiento de los cantantes de su género hoy en día en Granada. Los obreros del arte, tal y como define él a estos cantaores, se encuentran a veces en escenarios que no recogen las características que necesitan simplemente por no ser artistas de alto prestigio. No le gusta las comparaciones, cree que no todo es tener un nombre representativo, no existen rangos y todos somos iguales.

Iván Centenillo no deja de sorprender. Diario de un aprendiz de poemas es un libro escrito por él. Surgió a base de anécdotas y problemas con los que luchaba hasta llegar a convertirse esos versos en una especie de terapia. El diario es puro sentimiento, habla de amor y desamor, tanto que lo compara con los poemas de Lorca, esos versos tan trágicos como ciertos.

Hoy trabaja en una residencia de ancianos, llevando temas relacionados con la animación, canta, resuelve conflictos, realiza temas burocráticos como son las pensiones… Realmente lo que le hace feliz es sacarle una sonrisa a los más necesitados. Es pura emoción, dentro de la residencia ha sido capaz de montar desde una verbena hasta la Semana Santa a los ancianos que no
pueden salir a la calle.

No tiene respuesta si le preguntásemos dónde se ve dentro de 10 años, pues a pesar de ser inquieto ama su zona de confort, no sabe qué le deparará el destino pero tiene claro que quiere seguir viviendo con la música.


La experiencia que más le ha impactado y que de cara a un futuro quiere plasmarla, es la influencia de la música en el envejecimiento activo, como el Alzheimer. En la residencia hay ancianos así y al hacer actividades relacionadas con la música, una persona que se encuentra en un estado casi vegetal, al escucharla, le genera un bienestar y se le nota en las facciones de la cara. Los recuerdos musicales está demostrado que causan un efecto positivo en las personas que padecen dicha enfermedad.

El granadino nos habló de SOGNARE. Un encuentro de música que en un principio era un espectáculo en el que un cantante de pop , uno lírico y un cantaor mostraban cada uno su ámbito musical, lo que sabían y el oyente disfrutaba de géneros diferentes en un mismo espacio. Tuvo buena aceptación y a raíz de ahí se creo un grupo. Ahora son un grupo de pop con tres géneros musicales distintos y juntos crean algo magnifico. Hoy está pausado, están trabajando en silencio para que en un futuro no lejano salga todo el material que llevan dentro.

Las redes sociales son fundamentales para el cantaor, por esa misma razón se da a conocer tanto en facebook, twitter, instagram entre otras. Después de haber hecho un recorrido de su vida, no cabe duda que si Centenillo vale mucho como artista, como persona no tiene precio.

 

Entrevista | Beatriz Hernández.

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