Cáritas ha asesorado en solo un año a más de 400 trabajadoras de hogar en materia de empleo. Las condiciones laborales de estas trabajadoras han empeorado durante la pandemia.

Cuando se cumple un año de la declaración de estado de alarma a causa de la pandemia, la realidad de las trabajadoras de hogar acompañadas por Cáritas, uno de los sectores más afectados por la crisis social y sanitaria de la Covid-19, continúa sin contar con el reconocimiento social que merece ni con unas condiciones laborales dignas.

Larga trayectoria de Cáritas Diocesana de Granada en el Empleo de Hogar

Cáritas Diocesana de Granada cuenta con una agencia de colocación y bolsa de empleo especializada en el trabajo de hogar y cuidados, a las que recurren tanto mujeres como hombres en búsqueda de trabajo. Este servicio, totalmente gratuito, hace de intermediario entre las familias que necesitan ayuda en el hogar, en trabajos domésticos o cuidado de personas dependientes, y personas acompañadas que tienen las competencias y habilidades en el trabajo doméstico.

Además de ofrecer formación en las especialidades de limpieza de superficies y mobiliario en edificios y locales, operaciones básicas de pisos en alojamientos y atención sociosanitaria a personas dependientes, el Programa de Empleo diocesano realiza un acompañamiento personalizado a sus participantes velando para que se garanticen unas condiciones de contratación dignas. No hay que olvidar que este es un sector con una gran vulnerabilidad laboral, donde son frecuentes los empleos sin contrato, el incumplimiento de horas pactadas o sin derecho al desempleo.

Gracias al Servicio de Empleo Doméstico, en 2020, 422 personas, en su mayoría empleadas del hogar, han recibido asesoramiento en condiciones laborales (descansos, vacaciones, salarios, altas y bajas), solicitud de subsidio extraordinario, liquidaciones y finiquitos en casos de baja, finalización RRLL, etc. El programa forma parte del proyecto de itinerarios individualizados de inserción sociolaboral que cuenta con la financiación del Fondo Social Europeo en su Programa Operativo de Inclusión social y Economía social – Poises 2020.

En el marco de la celebración, el 30 de marzo, del Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar –una jornada proclamada en el año 1988 durante el primer gran Congreso de Trabajadoras del Hogar, celebrado en Bogotá, Colombia—, Cáritas reafirma su objetivo de dar visibilidad a un sector laboral esencial, que, en pleno impacto del coronavirus, siguió realizando su actividad pese a las difíciles condiciones de protección y distanciamiento, el miedo al contagio y, en muchos casos, la pérdida de empleos.

Situación de indefensión laboral

 

Muchas mujeres empleadas de hogar no han podido trabajar durante el periodo de confinamiento, lo que las ha empujado a graves situaciones de precariedad, teniendo en cuenta que el sector aún no cuenta con prestación por desempleo que pueda proporcionarles una eventual protección social ante situaciones de cese de actividad o, como ha sucedido con la pandemia, circunstancias extraordinarias.

El establecimiento de un subsidio extraordinario y temporal (Real Decreto-ley 10/2020, de 29 de marzo) implementado por el Gobierno hace justamente hoy un año para dar respuesta a la especial indefensión vulnerabilidad de estas trabajadoras, no ha servido, en la práctica, para cubrir las necesidades más urgentes de la mayoría de solicitantes debido, en parte, a las dificultades de acceso creadas por los trámites administrativos, al retraso o impago de las ayudas, y al hecho de que una buena parte de ellas no estaban dadas de alta en la Seguridad Social, por lo que no tienen derecho a solicitarlo. El hecho es que tres de cada cuatro trabajadoras del hogar no han solicitado este subsidio y sólo una de cada cien lo ha cobrado.

Junto a ello, la prolongación en el tiempo de la crisis causada por al Covid-19 ha provocado una caída muy importante en las contrataciones, que ya se habían visto afectadas a raíz de la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Durante la pandemia se ha producido una caída importante de las afiliaciones a la Seguridad Social (21.365 menos que un año antes), que en la actualidad están en su nivel más bajo desde 2012.

Así, las mujeres que trabajan como empleadas de hogar se están enfrentando, por un lado, a la pérdida de sus empleos y, por otro, a la necesidad de trabajar menos horas o las mismas, pero cotizando por menos y, como reflejan los datos, a optar por trabajar en la economía informal (la EPA señala que hay más de medio millón de personas trabajando en empleo de hogar, frente a las 381.200 afiliaciones registradas en la Seguridad Social).

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