¿Debería un país endeudarse para contratar personas funcionarias? Pensadlo. ¿Qué opináis? Muy probablemente, la gran mayoría, responderíais que no. ¿Es cierto? Al hablar sobre la construcción de un mensaje, uso mucho este ejemplo y, me gustaría, desarrollar esta idea.

A la hora de transmitir cualquier información –ya sea de manera oral o escrita- el cómo lo hacemos es fundamental para conseguir nuestro objetivo. No es lo mismo querer informar a nuestra audiencia sobre algo, que buscar motivarlos para la accióno que querer persuadirlos para que acometan cualquier cambio. No es lo mismo por lo que, las palabras y frases que usemos en nuestro mensaje, no deben ser iguales.

Teniendo presente eso, también es muy importante el significado de las palabras que usamos en nuestra comunicación y aquello que éstas dicen…sin decir. “Su otro significado”. Me explico y, que mejor forma de hacerlo, que con unos cuantos ejemplos.

1er ejemplo

En la esta imagen vemos un ejemplo. Una importante revista vinculada a un periódico español comete un gravísimo error al hablar de “genio creador del hombre”. Al usar este término se está perpetuando una visión masculina de los acontecimientos que favorece la percepción de superioridad de un género frente al otro. Craso error. El uso de “simples palabras” pueden reflejar mucho el pensamiento de una sociedad. Pueden hacer mucho daño. Pueden perpetuar patrones y condicionar pensamientos. ¿Es correcto esto? Bajo mi punto de vista, no.

Seguro que muchas personas pueden pensar que, en este ejemplo, estoy hilando muy fino. Que no es para tanto. No voy a comprar esa reflexión, pero voy a seguir con los ejemplos.

Otro más.

Esa misma revista, un poco más adelante, sigue explicando cosas de nuestro país. Sigue cometiendo “errores”. Por un lado, como se aprecia en la foto que acompaño, nos escribe “los romanos llegaron para enfrentarse a los cartaginenses”

Con esta forma de redactar la frase, parece que los romanos eran la leche de buenos. Que nos salvaron de los terribles cartaginenses. Se enfrentaron a ellos.

Acto seguido, en la tercera imagen que aparece en este post, nos encontramos la siguiente perla: «Los musulmanes invadieron la península». La invadieron. Hasta donde yo sé, los romanos y los musulmanes hicieron lo mismo, pero, de la forma en que se redactan ambos acontecimientos, está claro que los musulmanes son malos, malísimos. Nos invadieron¡¡¡

De forma inconsciente (o no) se perpetúan, con estos escritos, pensamientos, ideas y conceptos totalmente sesgados. Peligrosos. Es mucho más importante “ese otro significado” del que os he hablado, que la propia palabra que es usa. ¿Cómo reacciona una sociedad a la que siempre se le envía “qué tal pueblo” invadió España? ¿No puede generar animadversión?

Las palabras son elegidas por la persona escritora –o la persona ponente- en función de lo que quiere que la gente piense, en función de “ese otro significado” que quiere transmitir y que, de forma inconsciente, es interiorizado por la audiencia. Es “comprado”.

Volviendo al principio, ¿Debería un país endeudarse para contratar funcionarios? Muy probablemente, como ya he mencionado, muchas personas responderían que no, CLARO QUE NO. Funcionarios…. Pero, y si, en vez de preguntar eso, formulara la siguiente pregunta ¿Debería un país INVERTIR en, MÉDICOS/AS, BOMBEROS/AS y DOCENTES? ¿Cambiaría vuestra respuesta?

Esa es la magia de la comunicación. La magia de la construcción de los mensajes. Y su peligro. ¿Te ayudo a construir tu mensaje?

Isaac Albarracín

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