Hace unos meses realicé el viaje del que más he aprendido en mi vida, la confirmación de que cambiamos y que las cosas cambian. El cómo depende de nosotros.

Un simple vuelo, el cansancio debido a las pocas horas de sueño, con las mismas ganas de saber que en unas horas estaría en casa.

Y sin embargo…Cuando estamos a pocos metros (sí, pocos metros) de la pista, todo cambia. El avión toma cuota, el silencio y la tensión se hacen palpables hasta que el comandante nos explica que hemos renunciado al aterrizaje por la escasa visibilidad sobre la pista.

Conozco muy bien ese aeropuerto y me pregunto cuánto faltaría para que tomáramos tierra sin ninguna consecuencia. Confiaba en los profesionales que estaban al mando, y en los que estaban nuestras vidas, sueños, familias, etc.

Al final nos desviaron hacía otro aeropuerto, y al aterrizar no pude evitar escuchar los comentarios de los pasajeros acerca del retraso y pensar en ellos, en la situación. Todo tenía un punto en común: casi nadie daba las gracias por haber aterrizado sin consecuencias. En ese momento, tuve la sensación de que hemos perdido de vista lo más importante.

Pero lo mejor estaba por venir: los autobuses que nos iban a llevar a la terminal se rompieron, uno tras otro (increíble pero cierto). El nerviosismo se cebaba de las azafatas que, acostumbradas a que en algunos momentos se convirtiera en una situación más que evidente de falta de respeto hacia ellas, intentaban solucionar la situación y tranquilizarnos.

Al final todo bien, llegamos a destino tres horas (sí…solo 3 horas) después y pudimos seguir con nuestras vidas, cada una al centro del universo.

Este viaje me enseñó mucho. En ningún momento me puse nervioso. Cuando pude aproveché el tiempo para hablar con otras personas que no conocía e intercambié sonrisas y palabras. También aproveché el tiempo para trabajar y avanzar con mi proyecto (qué le vamos a hacer, soy alguien a quien le apasiona lo que hace y los nuevos desafíos).

Al final no tuve la sensación de haber perdido tiempo, más bien al revés.

La llaman resiliencia. Yo diría simplemente que no estamos en lo que estamos. Vivir y comprender el presente está muy bien. Y me gusta.

Giuseppe Favale

Coach & Consultor

www.elevatutalento.es

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