En esta segunda parte se abordan las restantes cuestiones que se plantearon: ¿la decisión de adherirse a la OTAN perdurará entre la población? y ¿qué consecuencias traería su ingreso en la OTAN para Rusia? Con respecto a la primera, ya ha solicitado su ingreso, con el fin de minimizar el riesgo que corre al no serle de aplicación el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que garantiza la intervención militar de los miembros de la OTAN en caso de sufrir un ataque de un tercer país, que en este caso sería Rusia. Por otra parte, ver las consecuencias principales que presentan para Rusia que el país escandinavo ingrese en la OTAN, ya que Finlandia es el país europeo con mayor extensión de frontera limítrofe con Rusia (aprox. 1.300 km).

¿Esta decisión de adherirse a la OTAN perdurará entre la población?

La decisión de unirse a la OTAN se ha visto influenciada por la percepción de amenaza, tal y como se mostró en la Parte I del artículo. Dicha percepción aumentó en momentos históricos en los que Rusia entró en algún conflicto por ejemplo durante 2014, tendiéndose a reducirse en momentos de estabilidad. Por lo que es posible plantearse si dicho deseo perdurará más allá de la finalización a la guerra de Ucrania. El deseo de adherencia a la OTAN se debe a un intento de incrementar la percepción de seguridad. Dicho constructo ha sido tenido en cuenta en diversas teorías psicológicas, por ejemplo si tomamos la Teoría de la Pirámide de Maslow, la necesidad de seguridad es una de las necesidades más básicas del ser humano, que debe ser cubierta para poder alcanzar otras de orden superior como las de pertenencia.

Empleando los datos del “Finns’ opinions on foreign and security policy, national defence and security” elaborado por el Ministerio de Defensa Finlandés en 2021. El deseo de pertenencia a la OTAN ha sido siempre de oposición en la mayoría de la población cuyos extremos han fluctuado entre un 60-70%, presentando sus menores niveles durante 2007-2008 con el conflicto de Georgia y 2013-2014 con el conflicto de Crimea y las regiones del Dombás. Sin embargo, a partir de 2020-2021 ha presentado un descenso dicho sentimiento de oposición debido al recrudecimiento del conflicto y a la posible intervención directa en Ucrania, llevando aparejada dicha reducción, al deseo de pertenencia a la OTAN y el número de personas indecisas (ver Gráfica 1).

Gráfica 1. Deseo de pertenencia a la OTAN

Datos obtenidos de Finns’ opinions on foreign and security policy, national defence and security (2021)

Por tanto, el deseo de pertenencia a la OTAN se encuentra modulado debido a dos factores: la percepción de seguridad y la amenaza percibida. En dicho contexto estos factores pueden operativizarse en: seguridad de Finlandia al estar dentro de la OTAN y amenaza a la seguridad de Finlandia por parte de Rusia (ver Gráfica 2 y 3).

Gráfica  2.  Percepción se seguridad dentro de la OTAN

Datos obtenidos de Finns’ opinions on foreign and security policy, national defence and security (2021)
Datos obtenidos de Finns’ opinions on foreign and security policy, national defence and security (2021)

Gráfica 3. Percepción de amenaza de Rusia

Datos obtenidos de Finns’ opinions on foreign and security policy, national defence and security (2021)
Datos obtenidos de Finns’ opinions on foreign and security policy, national defence and security (2021)

Las gráficas  muestran como el sentimiento de seguridad se ha ido incrementando en 2020-2021, al mismo tiempo que se reduce la percepción que tienen los efectos negativos de pertenencia a la OTAN. A su vez, la creencia de que Rusia es un peligro para su seguridad se ha incrementado durante los periodos de 2014 y 2020-2021.

Por tanto, se puede concluir que el deseo de permanecer en la OTAN continuará mientras se perciba a Rusia como una amenaza para su seguridad y la única forma de reducir dicha percepción de amenaza sea a través de mantenerse en la OTAN.

¿Qué consecuencia traería su ingreso en la OTAN para Rusia?

La intervención militar de Rusia en Ucrania está viendo sus consecuencias más negativas para Putin. Puesto que no ha sido Finlandia la única en solicitar el ingreso sino que Suecia se ha unido a ésta. Y aunque con Suecia no comparta frontera terrestre, este país tiene una gran influencia en el mar Báltico y por consiguiente que parte de esta zona caiga en manos de la OTAN supondría una desventaja geopolítica para Rusia, además de suponer una zona de amenaza.

Centrándonos en Finlandia ya que es el país europeo con mayor extensión territorial que hace frontera con Rusia, dificultaría a Rusia su situación actual por las siguientes razones:

  • Una nueva zona que defender ante un posible ataque:

Rusia ha intervenido en Ucrania principalmente por defender sus fronteras e impedir que dicho país entre en el área de influencia de sus potencias rivales, con Finlandia como miembro de la OTAN se crearía un espacio terrestre más amplio en que la Alianza Atlántica pudiese realizar distintos ataques desde dicho territorio. Lo que obligaría a Rusia a tener que desviar material y recursos a dicha frontera para garantizar la seguridad y la defensa de un posible ataque. Esto conllevaría un aumento del gasto en defensa además de ampliarse los puntos calientes por los cuales Rusia puede ser atacada ocasionando por tanto una nueva amenaza que hasta entonces permanecía en un segundo plano.

  • Pérdida del mar Báltico:

Aunque este problema se presentaría con mayor fuerza si Suecia ingresa en la OTAN, con Finlandia también se dificultaría el acceso desde el mar Báltico al Atlántico por parte de Rusia, ya que la flota rusa del mar Báltico depende principalmente de Kaliningrado y San Petersburgo. Estos territorios que se hallan muy cerca de la Alianza Atlántica, se verían aún más amenazados tras el ingreso de Finlandia y Suecia en la OTAN. Por un lado la flota rusa tendría menos maniobra de desplazamiento para acceder desde sus puertos principales al Atlántico puesto que el mar territorial de la OTAN se ampliaría significativamente. Y además la flota de submarinos rusa seria fácilmente detectable al ampliarse significativamente el radar de la OTAN en esta zona, por lo que Rusia debería realizar un cambio de estrategia y se vería encerrada en este mar que pasaría a convertirse en el lago de la OTAN (ver Imagen 1).

Imagen 1. Mar Báltico
  • Amenaza en la península de Kola y a sus bases militares:

Por último, la amenaza inminente de que Finlandia acabe ingresando en la OTAN, conllevaría que la península de Kola se convirtiese en una zona inestable donde se debería realizar un cambio geoestratégico por parte de Rusia para garantizar la seguridad de la región.

La península de Kola supone un punto importante de interés geopolítico para Rusia. Primero, porque en esta región se halla distintas bases militares que son puntos de conexión importante para el país. Estas bases distribuidas principalmente por los territorios de Múrmansk y Severomorsk suponen la principal fuente de abastecimiento a la flota rusa del Ártico, puesto que el puerto de Múrmansk es el único que no se congela durante el invierno en la zona del Ártico.

Segundo, y tal vez la más importante, es que en la península de Kola es de las zonas más armadas del planeta, distribuyéndose diversa bases aéreas por dicha región, además de albergar gran parte del arsenal nuclear de Rusia. Sin embargo la conexión que tiene dicha región hacia el resto de Rusia, como Moscú o San Petersburgo, supone una amenaza para el país, ya que desde la ciudad de Múrmansk hasta el final de la península solo se halla conectada mediante una única red principal de carreteras y ferrocarril. Esta conexión se vería amenazada si Finlandia ingresa a la OTAN, puesto que desde la frontera finesa a dicha red de comunicación terrestre no hay una gran distancia (ver Imagen 2).

Imagen 2. Vías de Comunicación de la península de Kola-Rusia

En caso de conflicto entre la OTAN y Rusia, seria sencillo incomunicar rápidamente la península de Kola con el resto del territorio ruso, lo que supondría una gran pérdida logística de Rusia en el conflicto ocasionando una desventaja táctica.

Todos estos factores y otros más sin mencionar, supondrían que Rusia tuviese que reubicar gran parte de sus bases o bien reforzar la seguridad de la región desviando una gran parte de su gasto en defensa a dicha finalidad. En cualquiera de los casos, esta zona que separa a Rusia de Finlandia se convertiría en un punto caliente tanto para la geopolítica de la Alianza Atlántica como para Rusia.

Redactado por:

Luis Lopezosa García (Graduado en ciencias políticas)

Alejandro Álvarez Pérez (Máster en Psicología Jurídica y Forense)

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