Ha pasado casi un mes y medio del comienzo de esta terrible pesadilla que nos tiene encerrados en casa, confinados y en cuarentena para derrotar a un organismo invisible que ha evidenciado nuestra extrema vulnerabilidad como especie. De la vía que utilicemos para acabar con esta amenaza, implicará haber entendido que lo que hicimos en 2008 (recortes, menoscabo de derechos, más contaminación) no supone más que aumentar nuestra debilidad. La lucha contra el cambio climático, la lucha contra los ataques a nuestros ecosistemas es la clave de todo esto, es la mejor manera de impedir que virus como este COVID nos pongan en jaque. Desde nuestras casas lamentamos y lloramos la pérdida de tantas personas, en España, en Granada, que se nos van sin ni si quiera poder despedirles. Para sus familiares y para sus amigos, quiero mandar un abrazo infinito a ese inabarcable dolor, que todas y todos hacemos nuestro.

Esta pandemia, de la que vamos a salir pronto y de la que debemos llevarnos un conjunto de enseñanzas sobre lo equivocado del camino que llevábamos, tiene tres caras, y a las tres debemos hacer frente en paralelo.

La cara de la crisis sanitaria. Los héroes de esta situación, con su lucha han sacado los colores a quienes, durante tantos años, han ido recortando en nuestra Sanidad Pública. Las costuras del sistema se han hecho visibles, especialmente donde esos recortes han sido más salvajes: Madrid y Cataluña. La pandemia ha levantado un muro que ha convertido esa estrategia en un callejón sin salida. Cuando todo esto se calme, alguien deberá pedir perdón y emprender el regreso al único camino posible, el del refuerzo de la Sanidad Pública de manera clara y sin excusas. Somos más fuertes con un sistema público sanitario más fuerte.

La cara de la crisis económica. En este mes, la economía española se ha desplomado. La hierba que crecía tras el desastre de 2008 ha sido segada hasta la raíz. Granada queda aún peor si cabe, porque en nuestra ciudad, el tejido empresarial descansa en esos pequeños negocios que llevan más de un mes cerrados, salvo en el caso de los servicios indispensables, que aprietan dientes y aguantan como pueden (los otros héroes). En Granada no tenemos industria de chimeneas y humo, y el turismo, como el comercio, quedará muy herido cuando esto acabe. Pero Granada tiene una ventaja sobre el resto de las ciudades. Es la Ciencia. Ella, que será fundamental para diseñar el futuro postcovid, tiene en la nuestra, una ciudad referente; ella tiene que ser la plataforma desde la que nuestra economía se impulse.

Pero hoy, es muy difícil que eso se vea mientras haya hogares en Granada donde difícilmente se come los siete días de la semana, lo que me permite hablar de la tercera cara, la social.

Si bien es cierto que la aparición de esta ola salvaje que nos llegó desde Asia era inimaginable, no lo es menos que esta emergencia social ha puesto en evidencia la capacidad de reacción de nuestras administraciones. La política no tiene más sentido que el de dar soluciones a los problemas de la ciudadanía. Y eso es lo que la gente espera de ella. Cuando veo (y sufro) la postura del Ayuntamiento de Granada ante este desastre, lamento la falta de altura en una situación que exige una reacción descomunal. Desde el pasado 14 de marzo hemos puesto en las manos del equipo de gobierno decenas de aportaciones, propuestas y soluciones que pudiesen mitigar los efectos destructores de la pandemia, y aunque no han sido tomadas en consideración, la lealtad institucional, que nosotros sí entendemos y sí practicamos, nos lleva a seguir al lado del gobierno de mi ciudad.

En base a esa lealtad hemos pedido decisiones que consideramos imprescindibles: la apertura de los centros de servicios sociales, cerrados desde el 14 de marzo; la declaración como esenciales de los servicios sociales municipales; la adaptación sin demora de los puestos de trabajo de esos centros a las nuevas exigencias de las autoridades; un plan específico de trabajo para las zonas más vulnerables de la ciudad, en las que la parálisis municipal ha generado una crisis alimentaria; la eliminación de los cupos que impiden dar una respuesta global a favor de las cientos de familias que se enfrentan a una situación en la que el acceso a elementos básicos han dejado de estar asegurados; un plan municipal que refuerce la respuesta social del Ayuntamiento; más recursos, económicos y humanos para los servicios sociales; la creación de una oficina de ayuda…

Nada de lo que pedimos es imposible. A nuestro alrededor, decenas de ayuntamientos ya han arbitrado esas medidas a los pocos días de arrancar la pandemia. El de Granada va tarde, pero aún se puede, aún se debe. Miles de personas no perdonarían nunca que la Administración que tienen más cerca, esa puerta que es la primera a la que llaman, no se abra. Y ahí estaremos nosotros, dispuestos a abrirla de par en par.

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